El Púas, a sus 65 años

El Púas, enseñando boxeo a sus pupilos. (Foto: Crónica)

México (Distrito Federal).- El pasado 14 de enero, Rubén el Púas Olivares cumplió 65 años de edad.

Y lo festejó rodeado de sus nietos -“aunque la verdad no sé ni cuántos son”-, muy lejos ya de aquellas parrandas memorables que lo caracterizaron durante su carrera boxística y en las que le gustaba presumir: “droga pa’ todos y carne pa’l hambriento”.

Rubén Olivares Ávila nació el 14 de enero de 1947 en Iguala, Guerrero, aunque ahora que la necesidad lo apremia le gusta cambiar la fecha: “primero denero, primero dinero…”

Esa frase, “primero dinero”, es lo que dice cuando alguien le solicita una entrevista, pero ante la insistencia accede con gusto a platicar.

Sin embargo, ya no le gusta recordar sus “tiempos locos” cuando por la magia de sus puños ganó cuatro títulos mundiales (dos en gallo y dos en supergallo) y después lo golpeó la fama, el dinero, las mujeres, las drogas, el alcohol, los políticos y por supuesto los incontables “amigos”, cuyo mejor representante fue El Molocho, un personaje llevado por los Polivoces a la televisión.

“El Molocho sí existió -dice durante la charla–… ¡y era mucho peor de como lo pintaron los Polivoces!”.

Olivares acepta la charla en la colonia Bondojito, las mismas calles a las que llegó a vivir hace 62 años, cuando no había alumbrado público, las casas estaban a medio construir y todo era una polvareda en tiempos de sol y un gran fango en las épocas de lluvia.

El ex campeón recibe a Crónica de Houston en la puerta de metal pequeña de una casa de dos pisos, cuya planta baja antes fue un restaurante manejado por sus hijos y que por supuesto ostenta nombre boxístico: El Salón de la Fama.

Ese, su ingreso al Salón de la Fama de Canastota, Nueva York, es uno de sus máximos orgullos. Ingresó en 1991 y cada junio lo invitan a convivir con otros ex monarcas mundiales.

“Por allá me encuentro a Mike Tyson, a Silvester Stallone, a Julio César Chávez, a Jack LaMotta… cada año nos reunimos varios peleadores, varios campeones, porque somos campeones por los siglos de los siglos, eh. No somos ex campeones, a mi no me gusta eso de ex. ¡Somos campeones!”, enfatiza detrás de unos lentes oscuros porque argumenta tener un malestar en los ojos.

Ahí en la Bondojito, frente al Salón de la Fama que fue restaurante y que ahora está transformando en un gimnasio de boxeo, Olivares puso unas sillas de plástico blanco, una pera loca y sobre la banqueta están guantes de box, manoplas, vendas y agua: entrena a jóvenes que desean abrirse paso en el mundo de los puños.

Dos de ellos son sus nietos, Obed y Elías, quienes se muestran muy entusiasmados por aprender –aunque sea en la banqueta y en plena calle, evadiendo los coches que pasan por la estrecha calle— y seguir los pasos de su famoso abuelo.

“No, ninguno de mis hijos fue boxeador… fueron travestis”, suelta el Púas y ríen hasta sus propios nietos. “Pero a estos chavos sí les voy a enseñar todo lo que sé: a caminar, a tirar golpes, a moverse bonito, mover la cintura, hacer fintas, cambiar la guardia, como me enseñó el Chilero Carrillo (su entrenador) porque ahora los mánagers no saben nada”.

Para ya no entrenar en la calle y evitar las críticas de los vecinos, el Púas está transformando lo que fue el restaurante en un gimnasio de boxeo. Por ahora sólo tiene un improvisado ring y colocó unos fierros en el techo, el piso donde instalará los costales, las peras y los otros aparatos boxísticos.

Sin embargo, pide que no se tomen fotos del gimnasio “porque soy un poco supersticioso. Ya que lo inaugure sí pasamos a verlo y le tomamos todas las fotos que quieran”.

“¡Todo se vende, hasta el Púas!”

Además de sus arreos boxísticos, Olivares tiene sobre la banqueta unas figuras talladas en madera, oficio que aprendió desde la niñez, y al lado un cartón con un gran signo de pesos mal dibujado.

“¡Todo, todo se vende! –grita como merolico–. Se venden los cuadros, se vende la casa, se vende el Púas, ja-ja-ja ¿Por qué no? ¿Sabes cuánto le dieron a Muhammad Alí por comprar su nombre? Tttsss. Tremendo viejo”, exclama y asegura que ya tiene su nombre en el registro público de la propiedad porque todavía se le acercan personas que quieren utilizarlo para obtener dinero.

Define a su manera: “Ya me retiré del box y todavía sigo cabeceando, ay weee, vuelan los golpes por todos lados”.

–¿A los 65 años, después de todo lo que ha tenido, qué le pediría a la vida, Rubén?

Después de un breve silencio, responde: “Le pediría… ¡salud!… Mi vida ha sido plena y estoy muy orgulloso de todo lo que conseguí, sobre todo de ser mexicano”.

–¿Algo de lo que se arrepienta, algo que cambiaría de su vida?

–Andar de borracho. ¡Pobrecito! No pos, tomar y tomar, ¿por qué, por qué? ¿Qué pasa, que fue eso? Hasta que un día dije, ya no más, pero sí es una enfermedad, ¿no? Pero se puede vencer, se puede vencer, nomás echándole ganas.

–¿Desde cuándo no toma?

–Uy, ya más de 20 años, pero póngale unos 15. Ya nomás me tomo una, dos copas de vino cuando estamos allá en el Salón de la Fama con los campeones y el público.

–¿Qué fue más fácil dejar, las drogas o el alcohol?

–El alcohol es más difícil, más duro de dejar… Y de las drogas ya sólo las que debo…

–Pero de las otras drogas, ¿ya nada?

–No, ya no, ora puro amor… sí puro amor porque sexo ya no hay…

–¿Le ha faltado algo?

–Lo único que me falta es cultura, pero ahí vamos, ahí vamos…

–¿Vive bien, necesita algo?

–¡Comer bien! Sí, la otra vez fui a comer con unos amigos a un restaurante, me llevaron unos cuates y entonces pasaron unos y me dijeron ‘ay Púas, qué bien te alimentas, qué bien comes’. Pos gracias a que mis amigos me invitan, ja ja ja, pero nada más cuando me invitan, pero ahí vamos, bien, gracias a Dios bien.

Y cuenta entonces los planes que tiene para juntar algún dinero: un dvd con clases de boxeo, un comic de la vida y andanzas del Púas, un libro sobre su vida, una película.

“Creo que sí sería negocio, ¿no? Ando buscando un socio que capitalice, la idea ya está. No hay nada firme, pero es cuestión que nos pongamos a platicar, para la gente que le interese con todo gusto, los números telefónicos son… ja ja ja…”

Además de las regalías que le dejan las películas en las que participó, el una vez llamado Rey de la Bondojo recibe cinco mil pesos al mes por parte de la Fundación Telmex.

“Gracias al señor Slim, que tiene harta lana, pero decía que esa lana era para que viviéramos dignamente… ¡pero para vivir dignamente necesitamos un millón de dólares! Tenga su millón de dólares, a cada uno de los boxeadores. Y al año, quihubole, cómo están, cómo les va? Ya se acabó su millón de dólares? Órale, ahí le va otro. Qué tiene de malo, hombre?…”

Un boxeo sin calidad

Olivares tiene confianza de que sus nietos puedan ser campeones porque el pugilismo mexicano “no tiene calidad. Perdón, pero yo doy mi punto de vista por lo que veo, pero cuando yo era chamaco había grandes peleadores, ahora como que falta algo, falta algo. No sé por qué, pero los muchachos como que no aprenden o no les enseñan”.

Habla entonces de Manny Pacquiao, el boxeador más reconocido a nivel mundial, y de los mexicanos Julio César Chávez junior y Saúl Canelo Álvarez.

–¿Usted le hubiera ganado a Pacquiao?

–Déjame decirte, perdón por lo que voy a decir: pero sí, con esta (señala su mano izquierda). Lo primero que me hubiera dicho el Chilero Carrillo era: hazlo caminar al revés, ahí lo dominas y adelante échale velocidad y ciérrale las salidas. Mételo a una esquina y ahí noquéalo abajo, porque abajo es donde más duele. Ganarle a un zurdo es fácil con la mano izquierda.

–Tal vez es difícil para usted opinar, porque trabaja en Televisa, pero qué opina del Canelo?

Silencio. Olivares duda pero finalmente responde: “Luego se enojan y dicen: ay Púas, para qué dices eso. No, pos es que es la verdad. El Canelo es un peleador duro, fuerte, pero yo creo que le faltan algunos masajes para que esté flojito, masajes como los que daba el Chilero. Debe aprender a cabecear, que no esté tan tieso, que mueva la cintura. Está aprendiendo, pero le faltan fintas, trabajar las cuerdas, las esquinas…

–¿No cree que lo están inflando demasiado?

–Sus entrenadores, su gente, su promotora se deben de dar cuenta que ya deben de ponerle peleadores más duros, para que se esfuerce el Canelo, que ya no lo cuiden tanto y va a lucir.

Opina lo mismo de Chávez junior. “Ahí la lleva, pero también deben de echarle boxeadores más fuertes, más duros”.

–¿Cree que tengan pasta de ídolos como usted?

–Perdón, pero eso yo no lo puedo decir. La gente, el público sabe, tiene la última palabra. A mí me dicen ídolo, pero por mi cara… (Crónica)

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5 Respuestas a “El Púas, a sus 65 años”

  1. Sergio Vázquez dice:

    ¡Felicitaciones…! muy buena entrevista al “Púas” Olivares…. ágil, entretenida y diferente a lo realizado hasta ahora….

  2. Julio Ramirez dice:

    Bien Víctor y socios.. Muy buen reportaje del Púas Olivares. Ojalá y elaboren más notas como esa (o mejores). Realmente Rubén es un presonaje muy pintoresco y agradable.
    Felicidades por su periodismo…..

  3. Daniel dice:

    El Púas sí tendrá cara de ídolo jajajaj pero es uno de los grandes del boxeo del mundo.

    Qué bonita plática.

    Gracias Crónica sigan así ok?

    • Gerardo dice:

      Tienes razón Daniel, fue uno de los grandes, si hasta mi padre me platica que hay anecdotas que dicen que subia borracho al ring y aún asi ganaba.

      Mis respetos señor Púas.

      Excelente trabajo Crónica, Felicidades.

  4. Azucena dice:

    Hola, el Púas nunca cambia.
    Felicidades por el periodismo que están haciendo, me parece que es lo que se necesita hacer en nuestro Houston.
    Seguiré toda su información.
    Gracias

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